El concursante

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El concursante

Mensaje por Javier Llaves el Mar Jun 28, 2016 12:59 am

El concursante” (2007)



Más que interesante debut en el largo de Rodrigo Cortés (Orense, 1973), con amplia experiencia en videoclips y en cortometrajes. A partir de una idea no del todo original, aunque sí atractiva, como es la de que ganar muchos millones en un concurso televisivo puede no ser una ventaja, sino más bien un cúmulo de sufrimientos, Cortés entrega una tragicomedia muy apañada, bajo el amparo de ese excelente actor que es Leonardo Sbaraglia.

El intérprete argentino, protagonista absoluto de la función, da vida a Martín, un pobre tipo que lleva una vida no muy reconfortante: es profesor asociado de Historia de la Economía, tiene una novia y un amigo simplones, una madre y unos hermanos en la Argentina y muy pocos recursos monetarios. Pero su existencia cambia al ganar 500 millones de las antiguas pesetas en premios, en lo que se convierte en el mayor galardón concedido en la historia de la televisión. Sin embargo, mantener sus posesiones es muy caro y Martín se ve obligado a pedir un préstamo bancario por valor de 100 millones. Después, hacienda le reclama casi la mitad del premio en dinero, una liquidez que Martín no tiene…

La trama, sencilla a primera vista, se convierte poco a poco en una lección muy discursiva acerca de los peligros y los engaños del capitalismo –un poco en la línea de El método–, una trampa mortal en la que es fácil quedar atrapado y en la que la única presa posible es el ciudadano y no el sistema bancario. Para mostrar eso al espectador, Cortés da entrada a dos peculiares personajes: Pizarro (Luis Zahera), un pintoresco consultor económico al que acude Martín para recibir consejo, que parece un personaje de “Mortadelo y Filemón” y regala la escena más divertida del film; y Edmundo (Chete Lera), una especie de gurú anticapitalismo que hará de mentor del desconsolado protagonista. La crítica del film al sistema actual es clara y las razones abogadas sugerentes, todo como un contrapunto a esas palabras de Martín en clase, sobre que “este mundo no es perfecto, pero sí es el mejor de los posibles”.

Consciente quizá del riesgo de tratar en un film un tema tan, digamos, inmóvil y abstracto como es la economía, y al sentido pedagógico del film, Cortés imprime mucho ritmo a su narración, desbordándose en un ejercicio de estilo que, pese a lograr su fin, también llega a agotar y que acaba pasando factura (excesivos resultan los últimos diez minutos de película). A una narración abrupta, con un montaje deliberadamente desordenado, el joven realizador añade una multitud innumerable de recursos visuales: tonos azules y fríos, cámara nerviosa en mano, película con grano, preferencia por los primeros planos, ralentizaciones, cambios de color, pasos fotograma a fotograma… Destacan en este sentido algunas imágenes oníricas o surrealistas, muy logradas, como la del acantilado o la de la aparición del caballo blanco.
Guiños cinematográficos

El film ofrece algunos guiños interesantes para el cinéfilo. El más impactante es la peculiar lección sobre un tablero de ajedrez que recibe el protagonista. El paraje sobre el que se desarrolla la escena recoge un acantilado de hierba con el mar de fondo. La imagen es límpida, bella, y remite directamente a otra partida ajedrez, la que Max Von Sydow jugaba con la muerte en El séptimo sello. Pero hay otro homenaje claro: el comienzo la película. La imagen de un cadáver y la narración en off del muerto retrotraen sin duda a la mansión de Sunset Boulevard en donde William Holden fue abatido a tiros por Gloria Swanson en El crepúsculo de los dioses.

VER PELICULA:
https://vimeo.com/21183701

Disfrutarlo compañer@s Laughing

Javier Llaves

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